Trabajo arqueológico

Confirmamos la valía de los aprendices. Un grupo, el del sector 1B, ha limpiado un suelo de arcilla batida sobre el que ha aparecido un molino de mano barquiforme. El otro grupo, ya en su habitación celtibérica, se ha dedicado a recoger cerámica y despejar dudas sobre el uso de la estancia.

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Entre tanto, los muchachos se han aplicado a escribir su cuaderno de campo, tomar alturas, describir objetos y dibujarlos con sus medidas, etc. Y por supuesto han barrido la excavación para tomar fotos mañana antes de cerrar.

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Tras comer otra vez en la chopera un enorme bocadillo de tortilla de patatas, galletas y fruta, nos dedicamos de nuevo a la cerámica: una pequeña prospección por el yacimiento, para acabar limpiando toda la del día.

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Por último, charla sobre cómo se rompe un tiesto y la vida de los celtíberos.

Y por la noche, celebración de cumpleaños.

Primeros picotazos

Ya hemos dado los primeros picotazos. En primer lugar hemos explicado cómo sacar partido de las herramientas para alcanzar los restos que nos interesan. Seguidamente, hemos atacado la trinchera divididos en dos grupos, cada uno bajo la supervisión de un arqueólogo.

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Hemos desarrollado el trabajo sin prisa pero sin pausa, atendiendo a los niveles y estratos que iban apareciendo y a la primera estructura del yacimiento, una posible esquina que nos presenta un terreno con cerámica y carboncillos.

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Incluso Juan, el director del colegio y motor de esta iniciativa, ha dado su picotazo y ha encontrado un adobe.

Almuerzo de fruta y más trabajo para llegar a las dos habiendo confirmado el potencial de bastantes de nuestros aprendices.

Comemos en la chopera del pueblo y después nos hemos dedicado a lavar la cerámica del día para interpretarla el viernes por la mañana. Por último, de cinco a seis y media hemos repasado algunos aspectos explicados en los días anteriores y aumentamos sus conocimientos sobre la labor de un arqueólogo.

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Por cierto, nuestros muchachos ya han iniciado su diario de campo y apuntan en él todo cuanto es relevante para elaborar un informe final.

Llegada del grupo, visita y toma de contacto

Comenzamos a excavar.
En principio nos dedicamos a abrir la excavación delimitando una zanja de 12 x 3 metros en la que desarrollaremos nuestro método de enseñanza.

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Llegada al albergue.
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Por la tarde, tras la llegada de nuestros aprendices a Bergasa, Ángel el alcalde del pueblo, nos ha recibido en el Ayuntamiento y Nati, la concejal de cultura, nos ha acompañado en un paseo por la población. Después nos hemos dedicado a los 19 chicos y chicas que se han atrevido a venir para conocer desde dentro la arqueología.
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Comenzamos fuera del yacimiento intentando hacerles ver por qué un grupo humano podía interesarse por vivir allí. Pasamos después a indicarles en el paisaje algunos elementos de una actividad humana reconocibles en la lasaña arqueológica. Por último, el primer contacto con las herramientas, pensar cómo usarlas para alcanzar las ruinas.

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Mañana serán ellos quienes encuentren el pasado. La aventura promete.